|  Viendo | No creo, estoy seguro. Estoy hablando de más, he estado dando pasos extra, he pasado la rayita que un día hice en el piso con tiza blanca, gruesa ella, para poder verla en ausencia de claridad. Hace unos días, en la ducha, me dí cuenta. El agua lo dijo mientras caía diluyendo a su paso la estela de impulsos que me cubren día a día, manteniendo a raya los sentidos que -revoltosos ellos- de vez en cuando se arman de valor para forzarme a dar ese paso a rastras que logre correr la tiza. Afortunadamente está el agua, sin ella, no me hubiera dado cuenta de mi ciega procesión hacia la exposición de lo indecible. Será mejor que calle, que regrese a mi sitio bajo la sombra detrás del telón y desde allí vuelva a lo mío, al eterno observar, al ansioso detallar, al dulce imaginar, al encanto del decir sin decir. Basta ya de ponerme en evidencia. El arcoiris está detrás de la montaña, no podré ver dónde termina pero podré verlo izarse majestuoso sobre las contaminadas nubes rosa que inundan el techo de la ciudad. Observa alrededor lo fácil que es vivir; aquel que todo tiene no se cree ser feliz. Su sangre espera ya la hora de su fin... qué pronto renunciamos sin ni siquiera combatir. |