|  Vívido | Recordatorio para el yo del futuro: NO, de ninguna manera tendrá usted derecho a sentirse parte de ese espacio invisible que define lo que es y lo que deja de ser otra persona, de ninguna manera podrá usted ser tan ingenuamente pretensioso como para querer darse derechos que no estará ni cerca de merecer, de ninguna, ninguna manera podrá usted pensar que alguien debe hacer algo por usted, que alguien podría apostarle, a usted, a lo indecible, a lo desconocido. Nadie correrá con los ojos cerrados en medio de la oscuridad, nadie se guiará en el vacío por lo que sus manos logran palpar, nadie dejará de prestar más atención a lo que sus ojos le hacen ver. Y todo por que usted, mezquinamente, sólo observa, espera, escucha atento, detalla hasta la más ínfima minucia, enfoca los ojos, acentúa la mirada, hace una mueca... y maquina. Usted da, sí, da incluso lo que pasa desapercibido a la vista, pero no da lo que esperan que de, no da lo que necesita dar. Es honesto, sí, es visceral en su dar, sí; pero no se expone, se cuida de no dar algo que pueda dejarlo impregnado de alguna escencia ajena. Y cuando, en medio de toda una suerte de posibilidades, usted decide dar eso que marcará la diferencia, espera estúpidamente que puedan leer sus torpes atizbos de verdad, sus remedos de carne y hueso, las míseras, y tan frágiles como quebradas partes de su ser. NO, no tiene derecho, y todo porque usted llega, pero llega con cortinas de humo de múltiples colores y densidades, cortinas que son pesadas y desgastantes de correr. Y claro, usted sale, pero resulta que lo buscan por otro lado. |