|  Gotas | Llueve. Afuera truena, y el sonido amplio y estridente del trueno azota las gotas que caen, como obligándolas a cegarse en ira, llenándolas de motivos para odiar a la gente por su indiferente contemplación y a dios por enviarlas a la misión suicida que hace parte de un ciclo natural que no comprenden, de una guerra que no es suya. La lluvia golpea la tierra como queriendo herirla, queriendo sentirse viva al causar emociones en alguien más, aún cuando sea dolor, aún cuando no sea justo. Adentro llueve en silencio, las gotas de lluvia se quedan pegadas a las superficies, una tras otra van cayendo, poblándolo todo a su ritmo, con la irritante cadencia típica del que conoce el fin de la historia. El cúmulo de gotas -inofensivas por sí solas, nocivas en la cantidad adecuada- obstaculizan el paso de esa fuerza descarnada que había decidido salir, contienen el embate de la pasión que se aferraba a sueños de libertad, que se hacía a la esperanza de chocar durísimo contra un oscuro cielo de estrellas esmeralda. Irónicamente, tal vez es mejor así. La lluvia hace bien su trabajo custodiando incansablemente los sentimientos prisioneros... con su huída también verían la luz los otros, aquellos que no conviene mostrar, porque tienen filo y malicia suficiente para lanzarse sin demora contra ese cielo esmerilado que suelo estudiar con la mirada, que me gusta contemplar y que cree que sus esmeraldas esconden agujas que se clavan con saña hiriendo a quien lo ve por mucho tiempo. Tal vez esos, los otros, no pudieran hacerle daño a la bonita superficie oscurecida, pero tan sólo la intención causaría pena tal, capás de marchitar la luz nocturna bajo la que siento que aún hay calidez suficiente en el mundo para sonreir. Tal vez es mejor así. Thinking all the time how to tell you what I feel... |