|  Vida | Bogotá siempre se ha extendido más allá de donde mis ingenuas caminatas nocturnas alguna vez pudieron culminar. Jamás mis brazos se dejaron descanzar más allá de las piernas, nunca la meta llegó, de la jornada no pude escribir el fin. Al comienzo creí que -débil yo- no tenía lo que se requería para consumir uno a uno y hasta el final los millones de pasos que debía recorrer para complear el camino. Fallo tras fallo tuve que asumir mi debilidad congénita ante el infinito ímpetu nocturno de las calles, pero -tontamente orgulloso- lejos estuve de aceptarla. Inicié un entrenamiento que me llevó a extensas sesiones de ejercicios orientados a llevar al límite de lo posible mi resistencia, potenciar mi fuerza, elevar mi concentración, acorazar mis emociones, ocultar mis debilidades... olvidar mis sentimientos. Como espuma sobre el mar incandescente de luces y movimiento, mis más férreos esfuerzos se vieron nuevamente resignados al fracaso. Me volví un vagabundo errante entre la nada. Aprendí a hacerme uno con las esquinas, logré ajustar la fuerza de mis pasos para no ser advertido ante los demás, me dediqué a hablar con los que antes no esperaba escuchar, me hice invisible al peligro cuando la victoria era impensable y lo enfrenté -a veces con éxito, a veces no tanto- cuando la situación apremiaba. Una noche caminaba sumido en lo espeso de mis aberraciones cuando de pronto, sin darme cuenta, el amanecer llegó atacándome a traición y sin dar tiempo a defensa alguna. Dí la vuelta y entonces lo ví, entonces comprendí. Allí estaba el sol grandote y hambriento, devorando cuando trozo del cielo encontraba a su paso, inconmensurable hacía alarde de su posición privilegiada. Yo séeee que allí, en eeeesa luz es-tá-mi-co-ra-zóoon, canté. El fin del camino nunca fué relevante en realidad, la luz -cegadora para quien sólo ha visto noche- me abofeteaba con la palma abierta mientras me lo decía. Lo verdaderamente importante -y que hasta entonces no podía comprender- fué lo que puder ver, lo que puder oler, palpar. Mayor valor había en todos aquellos paisajes urbanos que solitario pude registrar con mis ojos, en aquellas palabras de la gente de la calle que hielan el alma con su crudeza espontánea, en el ir y venir de la gente que no sospecha ser estudiada por un observador vagabundo, en la piel ajada por los años de los viejos de quienes escuché el pasado hecho vida, en los ojos grandes y permeables de los niños a quienes vi jugar desde la distancia, en los labios cálida e irresistiblemente húmedos que tuve la fortuna de permitirme probar bajo un cielo estrellado. Si algo he aprendido, lo he aprendido en el camino, eso es seguro. No son las metas cumplidas las que me han traído hasta este valle, no son el honor y la gloria de las batallas ganadas los que han dotado de fuerza mis piernas para trepar los empinados riscos. Es a la determinación de caminar -aún en la oscuridad, aún en la soledad- a quien le debo los prados que un día veré mientras esbozo la última sonrisa de mis días, eso es seguro. Mientras tanto, en Ciudad Gótica...- Este año nuevo seré un caballero Jedi.
- El año nuevo es una excusa, una buena, debo decir. Que esta excusa sea la apropiada para tener el valor de ser quien quiere ser.
If I fall and all is lost no light to lead the way remember that all alone is where I belong Porque teeeeeengo el valooooor de volveeeeer a empezaaaar dadme un poooooooooooooooco de feeeeee eso meeeeeee bastaráaaaaaaaaaaaaaaaaa |